Esa mañana fría de diciembre, Sophie y su madre Caroline subían en el coche de madrugada para poner rumbo a Santa Pola, un pequeño pueblo de Alicante; Sophie se puso cómoda en su asiento y miraba a través de la ventana las desiertas calles de Madrid que poco a poco iban despertando. Allí dejaría toda su vida, pero tenía ganas de estar una larga temporada con su padre.
Eric Carrighan se fue de allí a su pueblo natal cuando ella tenía sólo trece años. Estaba en su habitación estudiando cuando escuchó unos gritos procedentes del salón. Una vez más sus padres estaban discutiendo. Llevaban así varios meses ya, y le daba rabia no poder hacer nada para solucionarlo. Tras los gritos, un golpe fuerte. Se asustó. Dejó de estudiar y se dirigió al lugar donde vino el golpe. Se encontró a su madre sentada en el sofá; su cara decía que era mejor no hablar, pero necesitaba saberlo.
-¿Y papá?
-Se ha ido. Me ha dado esto para ti.-Le tendió una carta donde su padre le explicaba todo lo que pasaba. Se volvía a Santa Pola, donde él nació.
Desde entonces pasaba los veranos con él y su familia paterna, pero cuatro años después su padre la visitó a Madrid.
-Sólo te pido que dejes que mi hija venga a mi boda, Caroline.
-No voy a permitirlo.- Sophie escuchaba la conversación tras la puerta de la cocina.
-En cuatro años no te he pedido nada, ahora sólo quiero que venga a mi boda, no seas tan egoísta.
-¿¡Egoísta!?Quiero lo mejor para ella, y sé que verte con otra no es bueno para ella.
-¿Para ella o para ti Caroline?-Se levantó de la silla y salió por la puerta. Se quedó mirando a su hija, que le miraba apenada.-Lo siento pequeña, nos vemos en verano.-Le dio un beso en la frente y de nuevo volvió a salir de esa casa con un portazo.
-¿¡Por qué no me has dejado ir con papá!?¡Sabes que tenía ganas de estar con él!-Chilló a su madre como nunca lo había hecho.
-Sophie, tranquilízate. Es lo mejor para ti.
-¡No!¡Nadie sabe lo que es lo mejor para mí!¡Ni tú, ni yo, ni nadie!-Se fue directamente a su cuarto. No salió de allí en toda la tarde. Desde entonces ella y su madre no tuvieron la misma relación.
El ruido de una moto, devolvió a Sophie al presente, estaba allí en el coche. Miró a su madre. Estaba seria, concentrada en la carretera. No le hacía gracia que su única hija se fuera a vivir tan lejos de ella, con su padre y otra mujer. Eric tenía razón, Caroline era muy celosa. Ese fue uno de los motivos por los que se fue. Por suerte ella no se parecía a su madre.
El viaje se le hizo eterno, todo era silencio, ni una conversación. Por suerte tenía la música en el móvil, hasta que llegaron a Honrubia, cerca de Albacete, donde pararon a comer. Siempre que su padre iba a buscarla en verano, paraban allí a comer. Le encantaba.
Dos horas después, llegó por fin a su destino. Santa Pola. La nueva casa donde su padre se había mudado tras su boda, estaba más lejos de donde vivía antes, pero consiguieron encontrarla fácilmente. Eric la esperaba, impaciente, en la puerta.
-¡Sophie!
-¡Papá!-Salió corriendo en su busca y se fundieron en un fuerte abrazo.
-Bienvenida pequeña.-Susurró.-Hola Caroline.
Ella le devolvió el saludo con un gesto con la cabeza, pero no más.
Sacaron las maletas, se despidió de su madre, quien le siguió insistiendo que si quería irse de allí la llamara y enseguida iría a buscarla. Después, se volvió a Madrid.
Padre e hija entraron abrazados a la nueva casa, la cual era enorme. Nada más entrar, enfrente habían unas escaleras que llevaban a la segunda planta, a la izquierda había un enorme salón con una chimenea al fondo. Unida al salón estaba la cocina, también grande, con una puerta para salir al jardín trasero, con una piscina. En la segunda planta estaban las habitaciones.
-Gema, Sophie ha llegado.-Sonrió.
De la cocina aparecieron una chica no más alta que ella y un chico moreno, guapísimo, que sí era más alto, lo menos podría medir 1, 80.
-Bienvenida Sophie.-La abrazó.-Tenía ganas de conocerte. Soy Gema.-Se sonrieron.-Él es Jeremy, mi sobrino.-El chico se acercó y le dio dos besos. Ella notó como sus mejillas se encendían.
-Tenía ganas de volver a Santa Pola. Aquí hace menos frío que en Madrid.-Se rieron todos.
-Jeremy, enséñale a Sophie su habitación.-El chico asintió, cogió las maletas y subió las escaleras. Sophie lo seguía mirando los cuadros de las paredes.
Al llegar él dejó las cosas sobre la cama y ella miró a su alrededor. La habitación era enorme. La cama era parecida a una de matrimonio pero sin llegar a serlo. Tenía una cómoda y dos espejos. Un gran ventanal daba al jardín delantero. Le encantaba. Se giró y miró a Jeremy sin saber que decir.
-Espero que te guste.
-Sí, me encanta.
-Si quieres, estas navidades puedes venir conmigo. Te puedo presentar a mis amigos.
-Emm…Claro, pero, ¿no les importará?
-¿A ellos? Qué va. Tranquila, no te dejaré sola.
Se sonrieron. En ese momento se dieron cuenta de que no se llevarían nada mal. Él la dejó sola y ella se puso a ordenar todas sus cosas.
Una nueva vida empezaba.
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